Asociación Civil Creciendo

Las palabras de los padres nos estimulan, pero también nos estancan

Por la Lic. María Mercedes Angueira

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El crecimiento y desarrollo físicos son una pauta orgánica ligada a factores hereditarios y nutricionales. Pero, el crecimiento y desarrollo emocional está ligado a factores socio-culturales, socio-ambientales. Aun así ambos factores se interrelacionan y sólo a los fines expositivos se separan.
 
El individuo humano, a diferencia de otras especies está marcado por el lenguaje.
El lenguaje es un producto socio-cultural.
Las palabras nombran para distinguir, diferenciar y no confundir. Pero amen de que nombran, también denotan un significado a veces oculto para muchos, pero importante para unos pocos.
El individuo humano tiene un nombre y se lo nombra. Tiene características individuales y éstas son nombradas. Algunas son entendidas por muchos, otras sólo por pocos. Y allí es donde aparece la diferencia.
Alguien de cabellos rojos puede llamarse Irene pero, tanto en nuestro idioma como digamos en inglés, si se le dice ‘La Colorada’, todos los que escuchamos entendemos que se alude al color del pelo.
Pero si se habla de Irene en un contexto familiar y se le dice ‘la chiquita de mamá’, esto nos da a entender alguna característica de Irene que desconocemos y que a simple vista no vemos y que no está implícita en su nombre, ni en su aspecto físico. Pero que evidentemente la familia entiende.
 
Qué quiero significar con esto: que entre las muchas palabras que dentro del ámbito familiar son dichas, algunas están teñidas de connotaciones subjetivas, emotivas de aquel que las emite y que comunican algo que tiene que ver con lo que siente y espera él. Y no con lo que el sujeto que la recibe, siente o espera.
Es así que las palabras que los padres emiten con el ánimo por ejemplo, de ayudar u orientar, según cómo se dicen o en el contexto en que son dichas, son percibidas como críticas desvalorizantes, como curiosidad malsana, como exigencia desmedida. Con lo cual, en vez de promover el desarrollo, el crecimiento, la autonomía, a veces se forman niños desconfiados, exigidos, sobrevalorados o desvalorizados.
 
No pensemos que como adultos sabemos todo. Escuchemos. Observemos a nuestros hijos para entender cómo son y qué desean.  
No confundamos a nuestros hijos con nosotros.
Que nuestras palabras ayuden a crecer, a confiar en nuestras aptitudes y esfuerzos. Que no confundan, que no creen falsas expectativas.
Aceptemos lo que ellos son en la realidad y no lo que hubiéramos deseado que fueran.