Asociación Civil Creciendo

Resiliencia

Eduardo Chaktoura

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Diccionario emocional: es la capacidad de sobreponernos a cualquier situación traumática de la vida, de resignificar, sanar y reconstruir
 
Cuando caemos en el pozo tenemos la posibilidad de saltar y rebotar. Así como los metales más rígidos tienen la capacidad de recuperar su estructura luego de la fundición o deformación, todos tenemos la posibilidad de volver a nuestro estado original.
Esto es ser (o estar) resiliente: saltar hacia atrás, volver a empezar, sobreponernos a cualquier situación traumática de la vida.
Aunque el dolor no nos permita ver el sol, lo dicen las investigaciones, todos podemos poner en juego la fortaleza suficiente como para salir fortalecidos de las más diversas crisis vitales. Claro que no todos tenemos los mismos recursos, los mismos niveles de tolerancia al dolor ni la misma dosis de actitud para pelearle a aquello que, sea lo que sea, nos ha hecho sentir mal.
La resiliencia es una capacidad innata, pero, ante todo, se aprende y se enseña. Muchas veces evitamos que nuestros hijos tengan que atravesar hasta el dolor más simple. De lo que se trata, así como les enseñamos a atar los cordones de las zapatillas, es de ofrecerles los recursos mínimos y necesarios para que descubran la vida por sí mismos.
Alcanza con generar un clima de convivencia en libertad y solidez emocional, ofrecer una crianza de apego seguro desde los primeros minutos de vida, saber poner límites saludables y positivos, cultivar cada día la creatividad, el compromiso y la aceptación.
Si bien algo habrá cambiado o nada será igual después de atravesar una instancia indeseable, es entender a la crisis como oportunidad. Incluso, encontrarle el sentido al trauma; saber aprovechar los conflictos para crecer; entender la enfermedad como camino; a la muerte, como algo inevitable y al duelo, como el proceso indiscutible y necesario.
Desde ya que no está demás saber pedir ayuda cuando nos desborda el shock inicial de una mala noticia, cuando la angustia y el dolor se extiende en el tiempo o cuando creemos que nunca podremos salir del corazón del laberinto.
Así como hay un tiempo de lágrimas, siempre hay un momento para salir, resignificar, sanar, reconstruir e, incluso, en muchos casos, sacar provecho de la situación.
¿Cuántas veces nos hemos encontrado sin saber qué hacer ni cómo seguir? ¿Cuántas veces nos hemos descubierto absolutamente dependientes de los otros? ¿Cuántas veces nos hubiera gustado tener la actitud de los otros para zafar? No es poca cosa tener en claro que después de todas las tormentas sale el sol y que aunque no lo veamos, el sol siempre está.
¿Vas a perder la posibilidad de abrir las ventanas?.
 
Publicado en edición impresa de la revista La nación del Domingo 05 de agosto de 2012