Asociación Civil Creciendo

Yo, María Laura

Mis recuerdos comienzan cuando tenía 4 años e ingresé a la salita azul del Jardín Nuestra Señora de Monserrat ,junto a mi maestra Virginia: Allí pasé los mejores momentos de mi infancia junto a mis amigos Patricio, Soledad, Pablo, Natalia y otros más.
Con sólo 5 años y medio pasé a 1er. grado, todos estaban muy avanzados pero yo no llegaba al nivel deseado por la maestra, fue así que le sugirió a mi mamá que vuelva a repetir 1er. grado y ella estuvo de acuerdo. En ese segundo 1er. grado conocí a más amigos y con ellos terminé 7mo. Grado. Ninguno de mis compañeros sabía el tratamiento médico por el que pasaba, sólo veían que era la más pequeña de todos y me trataban como a una más del grupo.
A causa de esto mi mamá confeccionó un almohadón amarillo para que alcanzara el escritorio.
Al llegar al aula todos se peleaban por alcanzarme el almohadón, eran muy compañeros y nunca surgió una burla hacia mí.
Paralelo a la escuela mi vida con respecto a los remedios fue muy común, mis padres cortaban las pastillas y las separaban en frasquitos de diferentes colores con sus respectivos nombres y horarios, para que yo las pudiese tomar con más facilidad.
En cuanto a la hormona, mis recuerdos son que me la aplicaba el farmacéutico Antonio de la esquina de casa. Yo no sabía muy bien para que me servía pincharme todos los días y mi mamá me decía que era para crecer mejor, al principio no me gustaba nada, pero al pasar los años me fui dando cuenta que era para mejorar mi salud. Este farmacéutico le enseñó a mi mamá como debía aplicarme la hormona y a partir de ese momento ya no tenía que ir a la farmacia porque me la  aplicaba mi mamá en casa. Los lugares los elegía yo, me la daba en los brazos y en la cola.
Paralelamente estaban los controles en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, que eran cada seis meses. Allí me atendían unos médicos bárbaros, el doctor Heinrich, y las doctoras Martínez y  Keselman, que los voy a recordar toda la vida.
Mi vida a pesar de los remedios y pinchazos transcurrió normalmente, con ayuda de mis padres que siempre me anduvieron atrás, sobreprotegiéndome para que no me pasara nada.
Hasta que un día llegó Juliana, mi hermana, y así me dejaron respirar solamente un poco.
A los 10 años comencé los Scouts y me relacionaba muy tímidamente con los demás, me fui de campamento a muchos lugares de la Argentina, siempre acompañada de mis amigos los remedios, antes consultaba al médico para no llevar la hormona por miedo a que se echara a perder y el médico daba su consentimiento.
 Los años fueron pasando y cumplí 12 años, mi vida seguía igual, los Scouts los sábados, el colegio y las clases de inglés que no me gustaban para nada y no dieron buenos resultados, ya que las abandoné. En octubre nació Juan Manuel, mi otro hermanito, yo esperaba ansiosa su llegada, ahora éramos tres para compartir juegos, vacaciones y muchas cosas más.
 A los 15 años comencé yo sola a aplicarme la hormona gracias al Genotropin Pen, eso me facilitó la aplicación y así poder irnos de vacaciones tranquilos.
En la escuela todo me costaba el doble pero me esmeraba y pasaba de grado sin problema. Así llegué a recibirme a la edad de 18 años y terminar la secundaria.
A los 20 años me derivaron al Hospital Alvarez y caí en las manos de otro grupo de médicos geniales: Fideleff, Boquete y la doctora Azareski, con los que sigo el  tratamiento actualmente.
A los 23 años comencé a trabajar en Carrefour y estuve a prueba tres meses, luego trabajé de auxiliar en un jardín de infantes y actualmente estoy trabajando en Easy de cajera, hace 5 años ya. Hago una vida como cualquier otra persona y estoy muy feliz de los que soy. Por todo lo que tuve que pasar y hasta hoy le voy a estar agradecida a mis padres que siempre me acompañan en las buenas y en las malas.
 
               GRACIAS POR CUIDARME TANTO.
 
                                                                                 María Laura Morillo