Asociación Civil Creciendo

Experiencia de una mamá

A mediados del año pasado, exactamente en el mes de Julio, llena de nervios preguntas e incertidumbres llegue al primer encuentro de Creciendo. Sin saber con qué me iba a encontrar, decidí participar en el taller que realizan mensualmente en el Jardín del Árbol, en el Barrio de Colegiales.
Mi “pequeña” todavía no había comenzado el tratamiento, la hormona estaba en la heladera de casa y mis temores me acompañaban noche y día a donde fuera. Gracias a la endocrinóloga de mi hija conocí esta Asociación y decidí ir. A medida que fue pasando la tarde, todos los integrantes del grupo supieron cómo hacer para que me sintiera cómoda y encontrara respuestas a algunos interrogantes que tenia.
En los talleres, nosotros los padres junto con las Licenciadas en Psicología, compartimos experiencias vividas, sentimientos, miedos y hasta anécdotas. Nadie esta obligado a hablar, uno dice lo que quiere, cuando quiere. Es un tiempo de reflexión que busca la empatía con otros que viven situaciones similares. Nadie acusa, señala o juzga; el intercambio de opiniones, sensaciones y experiencias construyen la fortaleza que se necesita para enfrentar ciertas situaciones que se presentan. Es importante no olvidar que estos talleres también le brindan a los chicos un espacio de plástica y gimnasia (siempre acompañados con profesionales idóneos en estas dos áreas) para que interactúen con otros y se expresen libremente.
Desde un primer momento tuve la sensación de pertenecer a este lugar, que mis miedos y alegrías eran las mismas que las de todos los que participan en los talleres. A partir de ese día los encuentros de Creciendo se convirtieron en una actividad infaltable para mi familia. Algunas veces vamos solas (mi hija y yo), otras se suman las abuelas o aquellas personas que quieren conocer lo que se hace en Creciendo.
Como mamá recibo la contención de otros que entienden por lo que uno pasa (pelea con obras sociales, laboratorios, falta de hormonas, problemas legales y tantas otras situaciones difíciles que se presentan); para mi hija son sábados distintos llenos de diversión, donde encuentra otros chicos que bien conocen lo que son los “pinchazos nocturnos”.
Yo puedo asegurar que el encontrar esta Asociación me hizo sentir que no estaba sola, y que sin ella todo sería mucho más difícil de sobrellevar.


Caggiano, María Angélica
Mamá de Abril.
Diciembre 2009