Asociación Civil Creciendo

Aprendiendo con vos

En el proceso de aprender, espontáneamente buscamos el apoyo de otro, en esos momentos de oscuridad y de miedo que nos embarga cuando nos enfrentamos con lo desconocido y con nuevos aprendizajes.
Cuando iniciamos el tratamiento fue muy traumático para todos, especialmente para Belén y para mí. Estaba muy insegura y enojada, seguramente porque yo también lo estaba y se lo transmitía. La verdad es que no estaba preparada para colocarle las hormonas. Me asustaba hacerme cargo de esa parte del tratamiento. Necesité llorar, enojarme y fundamentalmente pedir ayuda, el estar acompañada mientras iba adquiriendo experiencia en eso, fue para mí esencial.
Enseñar a mi hija la aceptación del pinchazo diario, fue difícil; pero más aún y más duro fue que me aceptara a mí como la encargada de hacerlo.
Primero se negó, no confió en mí, veía como única posibilidad que sea la doctora quien lo haga.
Finalmente, la doctora lo hizo, tal vez, porque mi hija enlazaba mi imagen con tizas, borradores, lápices y cuadernos; pero nunca con jeringas. Ella sabía antes que yo, de mi desorientación y de mis momentos de desequilibrio. “Aprendí con ella”
Cuando salimos del hospital con mi esposo nos dirigimos a la juguetería más próxima y le dimos a elegir un juguete. La mayor sorpresa fue cuando eligió un set de enfermería. A partir de ese momento fueron muchas las tardes que fui paciente con fiebre, con dolor de oído, de garganta y también con problemas de crecimiento. Otras veces fue mi esposo, la abuela, su hermano, etc.
Dicen los que saben que el juego es la antesala del aprendizaje, de tramitar lo traumático, de mostrar sus padecimientos. Otra vez “Aprendí con ella”.
Después de un año y 6 meses de tratamiento y luego de haber superado la ansiedad que nos generaban los pinchazos, no me di cuenta que le transmití a Belén un hábito que es mío y que lo utilizo cuando estoy triste, angustiada o feliz: "escribir" y "leer". Estas dos acciones son para mí terapéuticas desde mi adolescencia.
Belén escucha cuentos desde que nació. No termina el día sin escuchar uno. Es un ritual que a ambas nos da seguridad, “esa seguridad” que viene de uno mismo y es la que necesitamos para decir y hacer lo que pensamos, sentimos y creemos.
También observé que se refugió en los cuentos para transitar sus malestares o sus preocupaciones.
Considero también que aquellos cuentos que escribimos juntas fue la gran oportunidad que tuvimos de crear un espacio para que esos fragmentos (de nuestra historia) se desplegaran. “Aprendí con vos” otra vez.
Creo fervientemente en el poder sanador, por eso creí que era buena opción compartir esta experiencia con todos ustedes.
Deseo que sean muchas las noches que los cuentos inunden sus sábanas y las historias se mezclen entre princesas, héroes y piratas. Y se abra un espacio imaginario en donde cada chico pueda encontrar un modo particular de canalizar lo que le pasa y que nosotros, los padres, acompañemos y nos dejemos acompañar. Porque a pesar de saberlo en la teoría, a mi me hizo bien que "OTROS TIGRES: la Asociación Creciendo...me acompañara para acompañar a mi hija" y pudiera sacar mis herramientas y ponerlas en práctica.


Zulma Vergara (mamá de Belén)